martes, 20 de enero de 2015

Literatura renacentista en España



LITERATURA TEMA 5
Renacimiento: la poesía

 Contesta las siguientes preguntas:
-          ¿Qué dos reinados comprende el siglo XVI?
-          ¿Cómo era la sociedad de la época?
-          Cita dos o tres artistas renacentistas importantes.
-          ¿Qué es la Reforma? ¿Qué provoca?
-          ¿Quién fue Petrarca?
-          Cita dos humanistas españoles.
-          ¿Quién fue el humanista más influyente?
-          ¿Qué lenguas se recuperan con el humanismo?
-          ¿Qué dos tipos de literatura renacentista española se encuentran?
-          Cita tres dramaturgos españoles (autores teatrales)
-          ¿Cuál es la primera manifestación lírica española renacentista? Explica cómo se introduce el petrarquismo (renacimiento) en la lírica española.
-          ¿Qué nuevos metros y formas se introducen con el Renacimiento?
-          ¿Qué dos escuelas españolas hay?
-          ¿Quiénes son Fernando de Herrera y fray Luis de León?

Oraciones para análisis sintáctico



Mis hermanos pequeños han roto esta mañana la papelera de la entrada.
Le entregaron todos los conductores la ruta del viaje al jefe de personal.
He visitado a mi mejor amiga, Luisa.
Se come muy bien en este restaurante lujoso.
Los tres mejores alumnos recibirán un estupendo premio.
Hizo bastante frío ayer.
Hizo un pastel de chocolate a su tía María por su cumpleaños. (CC de Causa)
Los bellos tejados de nuestra localidad están cubiertos de preciosa nieve blanca. (predicado nominal- atributo).
Dímelo ya.

viernes, 16 de enero de 2015

Sintaxis oración simple: sujeto



Las oraciones impersonales

- Son aquellas que no tienen sujeto, ni siquiera omitido o elíptico.
- Tipos de oraciones impersonales:
-                                  Oraciones con verbos meteorológicos: llover, granizar, nevar, tronar…
-                                  Oraciones con el verbo ser del tipo: Es tarde; Es de día…
-                                  Oraciones con el verbo haber: Aquí había indios; Hay muchos libros…
-                                  Oraciones con verbo hacer que indican fenómenos meteorológicos o paso el tiempo: Hizo mucho frío ayer; Hacía días que no hablábamos…
-                                   Oraciones con el morfema de impersonalidad se: Se llamó a los alumnos; Se vive bien aquí; Cuando se está contenta…

   Actividades
1.       1. Marca  las oraciones impersonales que encuentres a continuación:

-          Ayer estuvo lloviendo todo el día en el norte.
-          Tú y yo somos capaces de todo.
-          A mí no me molestan las tormentas.
-          Hay retenciones de tráfico en las principales entradas de la ciudad.
-          Hace tiempo de eso.
-          Este año iremos de vacaciones a la playa.
-          Es necesaria una reforma de la casa.
-          Se está muy bien aquí.
Indica cuál es el sujeto en las oraciones que no has marcado.
2.        

      2. Clasifica las oraciones en el cuadro:

Te debo un favor.
Hay mucha gente en la puerta del teatro.
Llovió toda la noche.
El domingo pasaremos el día en el campo.
Ese libro está ya muy viejo.
Me interesan mucho tus preguntas.
Se vive estupendamente en Mora de Rubielos.
Ha hecho mucho frío este diciembre pasado.
Ha habido un terremoto muy fuerte en América.


Oraciones impersonales
Oraciones con sujeto omitido o elíptico
Oraciones con sintagma nominal sujeto

martes, 16 de diciembre de 2014

Cuatro corazones sin freno ni marcha atrás

Hola a todos:
Aquí tenéis el enlace a la carpeta que contiene el libro que tenemos que leer.
Un saludo

miércoles, 3 de diciembre de 2014

Continuidad de los parques


   

                        Continuidad de los parques Julio Cortázar
Había empezado a leer la novela unos días antes. La abandonó por negocios urgentes, volvió a abrirla cuando regresaba en tren a la finca; se dejaba interesar lentamente por la trama, por el dibujo de los personajes. Esa tarde, después de escribir una carta a su apoderado y discutir con el mayordomo una cuestión de aparcerías, volvió al libro en la tranquilidad del estudio que miraba hacia el parque de los robles. Arrellanado en su sillón favorito, de espaldas a la puerta que lo hubiera molestado como una irritante posibilidad de intrusiones, dejó que su mano izquierda acariciara una y otra vez el terciopelo verde y se puso a leer los últimos capítulos. Su memoria retenía sin esfuerzo los nombres y las imágenes de los protagonistas; la ilusión novelesca lo ganó casi en seguida. Gozaba del placer casi perverso de irse desgajando línea a línea de lo que lo rodeaba, y sentir a la vez que su cabeza descansaba cómodamente en el terciopelo del alto respaldo, que los cigarrillos seguían al alcance de la mano, que más allá de los ventanales danzaba el aire del atardecer bajo los robles. Palabra a palabra, absorbido por la sórdida disyuntiva de los héroes, dejándose ir hacia las imágenes que se concertaban y adquirían color y movimiento, fue testigo del último encuentro en la cabaña del monte. Primero entraba la mujer, recelosa; ahora llegaba el amante, lastimada la cara por el chicotazo de una rama. Admirablemente restañaba ella la sangre con sus besos, pero él rechazaba las caricias, no había venido para repetir las ceremonias de una pasión secreta, protegida por un mundo de hojas secas y senderos furtivos. El puñal se entibiaba contra su pecho, y debajo latía la libertad agazapada. Un diálogo anhelante corría por las páginas como un arroyo de serpientes, y se sentía que todo estaba decidido desde siempre. Hasta esas caricias que enredaban el cuerpo del amante como queriendo retenerlo y disuadirlo, dibujaban abominablemente la figura de otro cuerpo que era necesario destruir. Nada había sido olvidado: coartadas, azares, posibles errores. A partir de esa hora cada instante tenía su empleo minuciosamente atribuido. El doble repaso despiadado se interrumpía apenas para que una mano acariciara una mejilla. Empezaba a anochecer.

Sin mirarse ya, atados rígidamente a la tarea que los esperaba, se separaron en la puerta de la cabaña. Ella debía seguir por la senda que iba al norte. Desde la senda opuesta él se volvió un instante para verla correr con el pelo suelto. Corrió a su vez, parapetándose en los árboles y los setos, hasta distinguir en la bruma malva del crepúsculo la alameda que llevaba a la casa. Los perros no debían ladrar, y no ladraron. El mayordomo no estaría a esa hora, y no estaba. Subió los tres peldaños del porche y entró. Desde la sangre galopando en sus oídos le llegaban las palabras de la mujer: primero una sala azul, después una galería, una escalera alfombrada. En lo alto, dos puertas. Nadie en la primera habitación, nadie en la segunda. La puerta del salón, y entonces el puñal en la mano, la luz de los ventanales, el alto respaldo de un sillón de terciopelo verde, la cabeza del hombre en el sillón leyendo una novela.
FIN

martes, 2 de diciembre de 2014